Tutela para un pipí con pelo.

Tutela para un pipí con pelo.

Es claro que muchos seres medimos la masculinidad por la cantidad de vello corporal, pero no creo que una mujer de esta era quiera acostarse con un hombre y levantarse con un oso. Seguramente usted, niña, está cansada de que le pidan que su cuquita esté como pan de niña colegiala de quinto de primaria, pero ¿Qué pasa cuando el man se quita el calzoncillo y nos pone a navegar en semejante selva tropical?, llena de una maraña de pelo rudo y desordenado que deja entrever la posible falta de acción en los últimos meses. Y así ocurre, usted termina siendo la víctima de semejante descuido ya que además de destapar un paquete que está “conservado”, tiene que aguantarse que esté sudado.

Así como todos los hombres piden que la arepa les salga sin pelo, seré la vocera de una batalla incansable que debió comenzar el siglo pasado; he decidido emprender una lucha en contra del pelo ahí, en la anaconda, el general, el capitán, el gatillo, el sable de luz… el pipí.



Seamos honestos, no hay nada mas rico que bajar con confianza, que ese caminito a la felicidad sea en serio eso, no un valle que me llevará a una guerra de la que además volveré golpeada y enrojecida por el roce con su barba genital. ¡No jodás!

Y es que de cuando aquí los hombres son los únicos que pueden exigir, ya está bueno de esas largas jornadas en las que tenemos que mamarnos el oral, literal… mientras que podamos y luego duramos el resto de la faena sacando los pendejos (vellos púbicos) de la boca. La verdad es que, si analizamos la cuestión, arrancamos mal desde que vamos con la manito al paquete y notamos que por ahí no ha pasado maquina en siglos… Eso ya tiene motas, hasta podríamos liberar ahí un territorio desconocido. Además por más frondoso que sea su reino, eso no hará que su bastón de mando se vea más grande… Me arriesgaré a decir que es todo lo contrario.

Queremos mamarlo, pero como dice el refrán, ayúdate que yo te ayudaré. Todas queremos bajar, besar y pasar la lengua sin pena y sin vergüenza por todo lado, ¡Por Dios que si! pero no lo hacemos por buscar el placer masculino y que ustedes se revuelquen y muerdan la almohada, lo hacemos porque queremos que ustedes bajen también y usen la lengua que Dios les dio como él manda.

Así que dicho lo anterior, despoje su cuerpo de toda vestidura, evalúe el estado de su armamento y déjelo impoluto, imberbe, sin mancha alguna, para que la afortunada se incline ante él y se quede inmersa en un mar de pasión en el que no habrá tiempo ni espacio y usted mi querido amigo, posiblemente disfrutará del mejor sexo oral de su vida.

Con amor.
Nina.