Un mundo de autofilia

Un mundo de autofilia

Una mujer que es denominada o estereotipada por la sociedad, contexto en el que se desarrolla o tan solo por sí misma como NINFÓMANA, ¿en realidad disfruta cada instante y con cada hombre con el que tiene relaciones? ¿Cuánto puede durar aquel fogoso momento de placer y satisfacción o cuánto tiempo finge solo disfrutarlo? Bueno, quiero contarte un poco acerca de ello.

Pueden existir una gran cantidad de hombres que quizás me hagan el servicio del “amor”, pero hasta el momento no había encontrado con quien realmente disfrutara el tener un contacto coital; en donde tuviera la posibilidad de perderme, en dejar de mirar el reloj, en sentir cada sonido, oler cada sabor y poder escuchar cada color que recorre los diminutos espacios del cuerpo. Por lo general, aunque no quisiera tener relaciones sexuales con aquel hombre que se encontraba ante mi presencia, en mi mente buscaba cualquier excusa de prisa para poder estar con él y si en el acto no obtenía el placer suficiente solo cerraba mis ojos e imaginaba, para que así mi placer fuese aumentando!

¿Qué que imaginaba? Quizás, otra persona u otros toqueteos que me volviesen loca…

Pero una mañana al despertar después de un sueño húmedo, un hombre con el que había estipulado un encuentro casual el cual ya había olvidado, llamo a mi teléfono. Me dio los buenos días y solamente pregunto en dónde y a qué hora? Y bueno después de aquel sueño, me encontraba frenética, por lo que le di mi dirección y le dije que tardará el menor tiempo posible. Realmente me encontraba impaciente por recibir a tal “huésped”, por lo que me arregle rápido y demás. Después de 2 horas mi timbre sonó, mi piel se erizo por lo que tuve que respirar y tomar compostura, baje los escalones y me dirigí hacia la puerta.


Al verlo me inflame de éxtasis, realmente no lo describiré pues en realidad no recuerdo al detalle su rostro, de lo que si tengo memoria es que en su mano traía una bolsa con un whiskey y algunos bon bon bunes. En su mirada podía ver que quería morder mis pezones tan fuerte, a tal punto de desgarrarlos de mi pecho. Comencé a humedecerme y notamos que nuestra fisionomía cambiaba de color por lo que no hablamos y solo dimos pie para que empezara aquella obra de teatro en donde sabíamos que el ejecutaría las elevaciones y yo los arabescos. Se acercó lentamente y estando de pie, poco a poco me iba espolvoreando en besos y caricias, podía escuchar en aquella habitación el eco del ruido de nuestros besos; comencé a descender, al quedar de rodillas le quite el cinturón y desabroche su pantalón...

Al observar su glande, este estaba completamente lubricado y el olor de su soberbia verga me embriagaba, parecía como si me la comiera con mis ojos. Mi boca comenzó a buscar ciegamente aquel falo erecto, lo metí suavemente en medio de mis labios unas 2 o 3 veces hasta la mitad, luego lo saqué y comencé a meter y mover de arriba abajo la punta de mi lengua en la pequeña abertura de su pene. Escupí un poco en la cabeza y lo metí hasta el fondo, de tal manera que chocara contra mi paladar a tal punto de sentir mi garganta. Ascendía lentamente, jugando con mi lengua mientras estaba dentro, al llegar a la cabeza nuevamente rose mis dientes de la manera más sutil posible y al levantar la mirada y ver su cara de placer pude sentir como un orgasmo me sobrevenía, por lo que comencé a aumentar progresivamente la velocidad. El podía escuchar como emitía sonidos glotales y eso le sobreexcitaba por lo que le encantaba la manera como me ahogaba con su pene, lo tome con las manos hasta la mitad, mientras la otra mitad superior permanecía dentro de mi boca, su miembro comenzó a hincharse, lo que generó que el primer líquido caliente y un poco salado sobreviniera al interior de mis labios, se sentía como si fuese ponche batido que burbujeaba! Al recibir hasta la última gota que le salía, lo mire a los ojos, hice gargaras con su semen y luego lo trague.

El me levanto y abismalmente me giro, palmeó mi trasero y estaba tan hinchado que pareciera como si estuviese a punto de colapsar, me embistió por detrás y daba unas sacudidas tan fuertes que algunas lágrimas se escaparon de mí, pues me destrozaba por dentro. Creí que me había venido nuevamente ya que sentía que un líquido salía de mi… él descendió y comenzó a besar mi culo, así mismo lamia algunos cordones de sangre que manaban. Me acostó en el sofá de la sala que estaba junto a la puerta y llenó la hendidura de mi vagina con Jack Daniels, bebió aquel trago de un sorbo y comenzó a acariciar con su lengua mi clítoris, haciendo extrañas figuras y hundiéndola por delante y por detrás. Posterior a ello metió dos dedos en mi vagina y uno en aquel oscuro precipicio, él tenía los ojos cerrados y sonreirá como si el hecho de poder tocarse los dedos a través de aquella delgada tela que divide los dos orificios le generara placer. Movía sus dedos en diferentes direcciones, cogió un bon bon bum y lo enterró dentro de mí, lo introdujo varias veces con rapidez y al sacarlo lo metió en su boca para así seguir con aquel juego de dedos. Mis gemidos comenzaban a parecer sonidos tan fuertes que generan silencios, yo jadeaba cada vez más fuerte, ya no lograba retener más! Así que dejé que mis sentidos flotaran y un chorro ardiente brotó en gran abundancia, podía sentir como me vaciaba por todos mis huecos.

Después de todo, sentía que algo le faltaba a aquella función, así que le dije que se acostara mirando al techo en el tapete que estaba en medio de la sala. Subí encima de él dándole la espalda, empecé a moverme lentamente girando mis caderas en círculos, luego me apoye en mis pies aun con las piernas flexionadas y comencé a ejecutar elevaciones profundas y cada vez más rápidas, una vez me encontraba dentro succionaba su verga, sucesivo a ello me gire, retire un poco su pene para frotar la cabeza circularmente contra mi clítoris y verticalmente en medio de mis labios inferiores. Podía ver el furor en cada músculo de su cuerpo, levantó su espalda me envolvió en sus brazos y comenzó a chupar mis pezones rosas. La excitación en ambos aumentaba por lo que me cambio de posición, esta vez yo me encontraba abajo y el encima de mí, me penetraba y arrancaba su miembro violentamente. Envolvió sus dedos con los míos y nos jactamos de placer en un promedio de 30 minutos. Finalmente caímos vientre contra vientre y nos desvanecimos en un post orgasmo sin pensamientos, ni palabras. Pues nos vinimos tantas veces que llegamos a derramar el líquido que recorría nuestra espina dorsal.

Al terminar aquel acto carnal, nos vestimos. Fue entonces cuando caí en cuenta que realmente disfrute cada segundo en el que estuve junto a el, y supongo que el también, ya que me propuso seguirnos viendo y tener relaciones solo los dos, pero sin avanzar a aquello que llaman noviazgo. Pues para ambos “coger” nos da igual, pero querer o establecer una relación que dure más de unas horas nos causa temor, pues eso si es real. Por un momento lo pensé, pero al razonar note que el hecho de estar con un hombre distinto cada vez, hace que mis sentidos adquieran un aliento siempre nuevo y distinto. Por lo que rechace la “oferta” y le dije que sería mejor que se fuera. 

Me dirás profana, sucia… pero para mí la suciedad es subjetiva, o acaso muchas cosas de las que comemos, bebemos, olemos o besamos no están ya putrefactas o añejas? En realidad todo ya está podrido, desde que está muerto.