El primer polvo de 2017 con un ácido

El primer polvo de 2017 con un ácido

La historia que les voy a contar es diferente a las demás, tal vez ustedes se atrevan también a experimentar.

 Nos fuimos en el carro sin saber qué hacer, cansados del frío de Bogotá, cuando nos dimos cuenta estábamos camino a tierras más cálidas, y es como si el clima tuviera el poder inmediato de cambiar el estado de ánimo de la gente; lo primero fue una parada técnica para comprar cerveza, buscar hotel, e ir a comer.

Cuando íbamos camino a Villeta me encontré con unos pedazos de papel de colores entre mi cosmetiquera especial, la bolsita de la felicidad como le dicen mis amigos, así que me dije “¿por qué no?, si lo piloteo con porro puede ser una experiencia agradable”.


Lo que más me gusta del man con el que iba es que me sigue la corriente en todo lo que yo quiera, pero también me pilotea, él es ese cigarrillo después del sexo, es ese whiskey al final de un día de trabajo, ese man es para mí, esa canción favorita que me calma, y dadas las circunstancias pues decidimos comernos el papel después de ir a comer.

Por experiencias anteriores ya sabía yo que no me iba a quedar en la habitación del hotel, así que cuando nos comimos el papel lo importante era ubicar las llaves, los cigarrillos y dejar el celular en la maleta, salimos al balcón fumamos un poco de hierba para aliviar la ansiedad, pusimos algo de Massive Attack y yo empecé a hablar del como los trips me vuelven claustrofóbica, del como mis ganas de salir a la calle a molestar aumentan cuando el ácido me estalla.

Mi particularidad con los ácidos son las cosquillas que siento en los brazos y en las piernas cuando me estallan, y ya estaba en ese trance así que dije “hay que salir a molestar”, me puse los zapatos y salimos a caminar por Villeta, en mi cabeza yo era consciente que no había posibilidad de tirar, el desespero que me da en el pecho no me deja concentrarme para hacer algo bien, pero el ácido de esa noche tenía algo diferente, las luces, el clima o la compañía me tenían muy concentrada en las cosquillas que estaba sintiendo entre las piernas, no podía enfocarme en otra cosa, ni en la cerveza ni en la música, fue como si todas mis neuronas estuvieran embriagadas de un afrodisíaco poderoso, solo tenía en mi mente una cosa: “poder sentir su pene dentro de mí”.

En algunos intentos vanos por pensar en otra cosa, prendimos otro porro, caminamos, nos tomamos otra pola y al ver las luces del bar moviéndose en mis ojos al son de un reggaetón muy provocativo solo podía ver sus ojos mirando mis tetas e imaginar el sudor de su frente recorriendo mi espalda, me quite el bra porque sentía que me ahogaba, las explosiones en mi vagina eran cada vez más frecuentes y más intensas, por fin decidimos volver al hotel.

De vuelta a la habitación, la pasión de los besos, y de las caricias aumentaron considerablemente mi libido, salimos al balcón y sentí alivio, por fin podía dejarme llevar por el ácido y quitarme la ropa, lo hice lentamente tratando de provocarlo a él y a mí misma, hacerlo en el balcón era una fantasía que tenía que hacerla realidad, no solo porque yo sabía que la gente podría llegar a vernos si no porque la brisa que entraba hacía juego con el calor y la fricción de nuestros cuerpos.

El ácido intensifico mis sensaciones, mi mente estaba concentrada en sentir el calor de sus muslos, el roce de sus manos por mi cuello, por mis tetas, me sentía conectada, él sabía lo que yo quería y yo sabía lo que él quería, en cada penetración podía sentir la descarga de energía, la combinación de su saliva con la mía eran cerveza para mi garganta, todo el me tenía ebria de deseo, y al abrir los ojos y ver las luces de colores que salían de toda su piel me ponía cada vez más caliente.

No paramos de hacerlo en toda la noche, yo alucinaba con colores y sensaciones, no quería estar en ningún otro lugar, con ninguna otra persona, haberlo hecho con un trip en la cabeza fue dar rienda suelta a los deseos más escondidos de mi pervertida mente, y ¿acaso esa no es la finalidad del sexo? ¿dejarse llevar? ¿poder satisfacer las necesidades que grita el cuerpo?

Yo lo hice con un ácido, otra gente lo hace fumando hierba, o con alcohol, incluso ebrios por la compañía de alguien importante, el todo es probar sin juzgar para saber si nos gusta o no, intentar algo nuevo no es firmar un contrato es solo satisfacer una necesidad básica como lo es la curiosidad humana, al fin y al cabo los grandes descubrimientos de la historia han nacido a raíz de la curiosidad.