El mejor contrato de mi vida.

El mejor contrato de mi vida.

Cualquier momento, lugar, espacio y camino es perfecto para tener sexo. Incluso si me permiten decirlo, no hay que desaprovechar cualquier propuesta de sexo por loca o, incluso, peligrosa que pueda parecer.

Más vale arrepentirse de algo que ya se hizo y vivió, que de algo que jamás va a saber cómo pudo ser, por no haberlo intentado. Yo no acepto acostarme con cualquier hombre; de hecho, es difícil acertar con lo que necesito sexualmente: si no es una propuesta que me haga vibrar la flor hasta querer apretarle con mis piernas, simplemente no la tomo.

La primera vez que apreté las piernas y mordí mis labios para disimular mi excitación por una tentadora propuesta, empezó un domingo como cualquier otro, un domingo dedicado a mí y mi satisfacción sexual (no sé que pasa, pero las noches de domingo ponen a volar mi imaginación, me abren las piernas y me hacen sentir los pezones increíblemente duros).

Recibí un mensaje tan claro y directo que exigía de mi parte una respuesta inmediata: “Quiero proponerte un contrato sexual entre los dos”. Mi respuesta inmediata: “¿En qué consiste y qué tengo que hacer?”. El contrato era principalmente de exclusividad; éramos dos personas con ganas insaciables y curiosidad extrema por el sexo pero lo suficientemente responsables como para no querer varias parejas para probar diferentes cosas, entonces. ¿por qué no? Firmemos.

Términos del contrato:

1. Ambas partes deben estar dispuestas a probar posiciones, lugares, juguetes y prendas con el fin de cumplir las fantasías de ambos.

2. En cada encuentro no es necesario probar algo nuevo, solo importa matar las ganas y ser protagonista de un juego sexual.

3. (Teniendo en cuenta que ambos sienten ganas de hacerlo al menos 5 veces a la semana) No se pueden rechazar dos encuentros en una misma semana.

4. “En la variedad estará nuestro placer”.

5. Complicidad implica el anonimato de la identidad y no de los hechos.

6. Se realizarán las fantasías más raras y peligrosas solo si ambas partes aceptan.

7. Costos serán suplidos 50/50.

8. Todo dependerá de una Prueba Piloto.

9. Al finalizar cada encuentro debe haber una retroalimentación.

10. El contrato se dará por congelado, finalizado o se podrá retomar cuando ambas parte lo reciban.

Ahí estaba yo, imaginando toda la libertad que tenía para dejarme ir sexualmente y esperando ansiosamente esa prueba piloto. El encuentro empezó con la lengua; hablamos y coqueteamos hasta que la oscuridad que llegaba con el final del día, nos dio la entrada para probar otras utilidades de nuestras lenguas.

Él empezó su recorrido por mi mentón, mordió mi clavícula con sutileza y se detuvo a jugar con mis pezones (lastimosamente, no era domingo). Su manos jugaron un papel perfecto, tomaron mis nalgas y las apretaron como si pidieran permiso para entrar. Con la espalda arqueada y las puertas de mi vagina totalmente abiertas, le di la frase clave con un tono desesperado e impaciente: ” Quiero que me lo metas ya”, solo sonrió, se mordió el labio y lo metió. With love, we did it with love.

Al ser mi segundo orgasmo de infinidad de posibilidades, con gusto firmé un contrato sexual donde su pene fue mi pluma, mi torso el papel y la tinta… bueno, ustedes saben a lo que me refiero.

– La de la Virginidad Perdida

Crédito foto: Taringa