Sexo, placer y espiritualidad.

Sexo, placer y espiritualidad.

Cuando se habla de sexo, lo primero que se nos viene a la cabeza es placer; para muchos, se puede convertir en una búsqueda y, para otros, en un tema sobrevalorado.

Tengo un amigo que ronda sus 20's, quien por ejemplo entiende su sexualidad como una necesidad básica. Ha creado una especie de adicción al placer; tiene amigas que son muy abiertas al tema, con las que ha establecido una relación puramente sexual (fuckfriends) y si las amigas de turno no aparecen, simplemente se acuesta con prostitutas porque esa es su manera de calmar las “ganas“.

Hablando con él, le dije que algo tan instintivo y natural en el ser como lo es el sexo, podría aprovecharse obteniendo un beneficio personal y no como una carga energética negativa. Le empecé a hablar de la sexualidad ligada a la espiritualidad. Aclarando que esto no tiene nada que ver con ninguna religión, en la cual tienes un ritual para conectarte con una divinidad fuera de ti, pero cuando me refiero a esta espiritualidad, son todas aquellas experiencias para conectarte con esa divinidad en tu interior.

Las personas consideran que si es espiritual e involucra sexo está ligado exclusivamente al Sexo Tántrico y que para eso hay que tener mucha disciplina, estudios, o que es algo para prolongar el placer y así mostrar una imagen de semental de película porno. No obstante, aunque esta es una manera de explorar este camino, existen millones de formas más. Solo debes abrir tu mente a una perspectiva del sexo con un principio más variado, profundo y enriquecedor.

Aclaro: esto no se trata de palabrería de la nueva era, si no, de una experiencia, entender qué representa para ti a nivel personal el placer: ¿es venirte? ¿Tocar? ¿Ver?

Así empiezas a entender que eres afortunado por poder disfrutar del placer. Seamos honestos: para esto no se requiere obligatoriamente a otra persona, y de igual manera no es algo que debamos dejar exclusivamente en el ámbito sexual.

El placer está en todo lo que produzca una emoción o una reacción positiva en tu cuerpo. ¿Qué tal empezar a descubrir el placer a través de tus 5 sentidos?, ¿podrías reconocer qué te produce placer al tocarlo? ¿Qué olor te despierta intensas sensaciones? ¿Qué sabores logran despertar tus más profundas pasiones? ¿Qué sonidos logran erizar tu piel? ¿Qué imágenes logran transportarte a la experiencia más viva y excitante contigo?

A mí, por ejemplo, este ejercicio me encanta. Disfruto mucho tocar mi cuerpo -no puntualmente las zonas más erógenas-, simplemente cuando rozo con las yemas de mis dedos suavemente mi espalda, mi cuello o mis labios; Me encanta el olor del café recién preparado o el olor de las tiendas de Americanino, honestamente no sé qué usan pero si vendieran ese perfume no dejaría de usarlo. El sabor y la textura de la avena alpina: tenerla en la boca unos segundos antes de que se caliente me recuerda una sesión que tuve de buenos besos; tiene una textura muy suave y ligera, no demasiado dulce, pero deja esa sensación en mi lengua que me recuerdan a esa persona en particular. También oír la Ciudad de la Furia cantada por Andrea Echeverri con Soda en el unplugged… qué buena canción. La imagen de un plato de comida muy bien servido, respetando a cada alimento y permitiendo que se luzca en la receta, es magia.

Al recordar todo esto, no puedo evitar morderme el labio, y con esto quiero demostrar que el placer está en las cosas más cotidianas, solo se trata de ser consciente, es algo así como una meditación dirigida netamente a explorar y experimentar el placer en ti. Si logras darte el tiempo de explorar tu placer a través de este simple ejercicio, si logras celebrar la capacidad de sentirlo dentro de ti, esto es espiritualidad, no se trata de cumplir con un “dogma“, si la espiritualidad te da la oportunidad de celebrar tu propia divinidad y sentirla en tu interior, ¿por qué no hacerlo?

Ahora imagínate experimentar esto con otra persona, saborearla, olerla, tocarla, oírla, verla y que esa persona pueda descubrir ese placer a través de ti para ella. Es la experiencia más “divina” (hablo de divinidad, no de ternura), el poder explicarle a esa Divinidad a través de ti lo que el sexo significa y darle las gracias, con esto quiero aclarar que no se trata de enamorar al otro; se trata de disfrutar tu amor por ti.